En unos
diez meses elegiremos a un nuevo ocupante de Palacio de Gobierno. Lo que deberá
enfrentar no es poca cosa. Primero, el boom de recursos va cayendo, y aunque
pocos quieran verlo, habrá menos dinero para todos en los próximos años. En
paralelo, la política también va cayendo a niveles de desprestigio
intolerables: acusaciones de corrupción generalizadas, un Congreso que no
comunica ni aborda problemas cruciales, mafias que penetran al Estado central y
a los gobiernos locales.
Pero más
allá de las virtudes de ciertas políticas y reformas, estamos largamente en
deuda con nosotros mismos. El crecimiento de estos años debió servir para hacer
cambios de fondo que permitan un desarrollo sostenible. Y es el próximo
gobierno el que deberá enfrentar tanto estas reformas faltantes como los
problemas de un menor presupuesto. Cinco años más de un Ejecutivo que no
construya un Estado eficiente, de un Congreso deslegitimado sin discusión ni
producción útil para la gobernabilidad, sumados a la persistencia de la
informalidad mafiosa, nos pasarán factura.
Como
vemos, no son poca cosa estas elecciones. Sin embargo, avanzamos hacia ellas
sin urgencia. Si seguimos así, la campaña será un concurso centrado en
candidatos, en el que se discuta quién mató menos, quién robó más, qué futura
primera dama o primer esposo carga más pasivos, o quién lanza la propuesta más
llamativa para capturar atención. Deberíamos, más bien, estar pensando qué no
funciona en el modelo de desarrollo, cuáles son sus limitaciones para superar
la informalidad, mejorar la educación pública, diversificar la producción, o
incorporar a quienes hoy carecen de toda previsión para su vejez. Pero en lugar
de eso nos dedicamos fervientemente al chisme, la farándula, afilamos la navaja
y nos preparamos para el concurso de sonrisas.
No
queremos esta política: queremos que estas elecciones tengan más contenido y
debate. No, no somos un grupo que busque participar electoralmente. Valoramos
esa participación, pero aquí queremos compartir nuestra insatisfacción con lo
que hay y, desde la demanda ciudadana, contribuir a mejorar la oferta pidiendo
debate, ideas, precisiones. Tenemos tiempo de vida definido. Nacemos hoy y morimos
en un año. No somos un espacio ideológicamente neutral. Nos movemos en la
insatisfacción, entre el centro liberal y la izquierda. En nuestras
diferencias, coincidimos en la necesidad de reformas de fondo. Establecer
demandas, pero también ayudar a construir expectativas razonables, sea quien
sea que gane.

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