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TRADUCCIÓN A OTROS IDIOMAS - TRANSLATION TO OTHER LANGUAGES

viernes, 1 de febrero de 2019

VENEZUELA ROMPE RELACIONES DIPLOMÁTICAS ‎CON ESTADOS UNIDOS






Estados Unidos no reconoce la reelección del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, en la ‎elección presidencial de mayo de 2018, pero reconoció al autoproclamado presidente interino ‎Juan Guaidó (ver foto). Washington ha llamado a todos los países miembros de la Organización de ‎Estados Americanos (OEA) a adoptar la misma actitud, pero ha logrado que lo hagan sólo los ‎países del llamado Grupo de Lima. ‎

En respuesta, la República Bolivariana de Venezuela rompió las relaciones diplomáticas con ‎Estados Unidos. ‎

Venezuela cerró su embajada en Washington y llamó todos sus diplomáticos a regresar a Caracas. ‎Pero Estados Unidos, que sólo reconoce al autoproclamado presidente interino Juan Guaidó, ‎se limitó a reducir su personal diplomático en Caracas y a ordenar que los ciudadanos estadounidenses ‎regresen a su país. ‎

Estados Unidos está tratando de crear en Venezuela un escenario de guerra civil que le permita ‎justificar una intervención militar de varios países latinoamericanos. ‎

La Unión Europea no ha tomado posición. Pero España, ya implicada antes en varias intentonas ‎golpistas en Venezuela, y Alemania están llamando a reconocer al autoproclamado Juan Guaidó.‎

EL PRESIDENTE TRUMP ACABA SOMETIÉNDOSE A LAS AMBICIONES DEL ESTADO PROFUNDO ‎ESTADOUNIDENSE QUE PRETENDE DESTRUIR LOS ESTADOS EN LOS PAÍSES DE LA CUENCA DEL CARIBE AHORA LE TOCO A VENEZUELA


Hace casi un año, el presidente Trump recibía en la Casa Blanca al vicepresidente Mike Pence y ‎al senador Marco Rubio, quienes venían a presentarle la esposa de un líder de la oposición ‎venezolana. En aquel momento, Trump se opuso a toda acción de desestabilización. Hoy en ‎día, Pence y Rubio han obtenido la aprobación de Trump para actuar contra la República ‎Bolivariana.‎





VENEZUELA, PUTSCH DEL ESTADO PROFUNDO ‎ESTADOUNIDENSE

El presidente Trump acaba sometiéndose a las ambiciones del Estado Profundo ‎estadounidense que pretende destruir los Estados en los países de la Cuenca del Caribe y ‎apoya al vicepresidente Mike Pence y al senador Marco Rubio en la operación de ‎desestabilización contra Venezuela. Y puede que acabe apoyándolos también en su ‎proyecto a favor de Israel y contra Siria. ‎

l anuncio del presidente Trump reconociendo a Juan Guaidó como «presidente legítimo» de ‎Venezuela se preparó en una cabina subterránea de televisión, en el Congreso de Estados Unidos ‎y la Casa Blanca. ‎

Eso es lo que describe detalladamente el New York Times [1]. ‎Operador principal: el senador republicano de La Florida, Marco Rubio, «virtual secretario de ‎Estado para América Latina, quien conduce y articula la estrategia de la administración en esa ‎región», en coordinación con el vicepresidente Mike Pence y el consejero para la seguridad ‎nacional, John Bolton. ‎

El 22 de enero, los tres presentaron su plan al presidente en la Casa Blanca, plan que el presidente ‎aceptó. Inmediatamente después –reporta el New York Times– «Mr Pence llamó a Guaidó y ‎le dijo que Estados Unidos lo apoyaría si reclamaba la presidencia». ‎

El vicepresidente Pence difundió luego hacia Venezuela un video donde llamaba los manifestantes ‎a «levantar su voz mañana» y aseguraba «en nombre del presidente Trump y del pueblo ‎americano, “estamos con ustedes” hasta que se restaure la democracia», definiendo además a ‎Maduro como «un dictador que nunca obtuvo la presidencia en elecciones libres». ‎

Al día siguiente, Trump coronó oficialmente a Guaidó como «presidente de Venezuela», a pesar ‎de que este personaje no participó en las elecciones presidenciales realizadas en mayo de 2018, ‎elecciones que la oposición boicoteó –porque sabía que iba a perderlas– y donde la victoria ‎correspondió a Maduro, al cabo de un escrutinio realizado bajo la supervisión de numerosos ‎observadores internacionales. ‎

Todos estos manejos entre bambalinas muestran que en Washington las decisiones políticas ‎vienen, ante todo, del «Estado Profundo», centro subterráneo del poder real en manos de las ‎oligarquías económicas, financieras y militares. Esos grupos son los que han decidido derrocar el ‎Estado venezolano. Venezuela posee, además de grandes reservas de minerales preciosos, las ‎reservas petrolíferas más grandes del mundo, evaluadas en más de 300 000 millones de barriles, ‎‎6 veces más que las reservas estadounidenses. ‎

Para escapar a la presión de las sanciones, que impiden a Venezuela percibir los dólares ‎provenientes de sus ventas de petróleo a Estados Unidos, Caracas había decidido establecer los ‎precios de venta no en dólares estadounidenses sino en yuanes chinos, poniendo así en peligro el ‎exorbitante poder de los petrodólares. De ahí la decisión de las oligarquías estadounidenses de ‎acelerar los plazos para el derrocar el Estado venezolano y apoderarse de su riqueza petrolera, ‎ahora necesaria no como fuente de energía para Estados Unidos sino como instrumento ‎estratégico de control sobre el mercado energético mundial, utilizable contra Rusia y China. ‎

Con ese fin, recurriendo a sanciones y sabotajes, se provocó en Venezuela la escasez de bienes de ‎primera necesidad para alimentar el descontento popular, mientras se intensificaba la penetración ‎de «organizaciones no gubernamentales» estadounidenses. Por ejemplo, en un solo año, la ‎National Endowment for Democracy (NED) financió en Venezuela más de 40 proyectos sobre la ‎‎«defensa de los derechos humanos y la democracia», invirtiendo en cada uno decenas o incluso ‎cientos de miles de dólares. ‎

Como el gobierno de Venezuela sigue teniendo el apoyo de la mayoría de los venezolanos, seguramente debe estar ‎preparándose algún tipo de provocación de gran envergadura para desatar en el país una guerra ‎civil y abrir el camino a una intervención externa.

Eso se hará con la complicidad de la Unión ‎Europea, que después de haber bloqueado en Bélgica fondos públicos venezolanos por valor de ‎‎1 200 millones de dólares, ahora lanza a Caracas –con la complacencia del gobierno italiano– un ‎ultimátum para que convoque nuevas elecciones, por supuesto bajo el control de Federica ‎Mogherini, quién se negó el año pasado a viajar a Venezuela para supervisar las elecciones ‎presidenciales. ‎

POR MANLIO DINUCCI: Geógrafo y politólogo. Últimas obras publicadas: Laboratorio di geografia, Zanichelli 2014 ; Diario di viaggio, Zanichelli 2017 ; L’arte della guerra / Annali della strategia Usa/Nato 1990-2016, Zambon 2016. Guerra nucleare. Il giorno prima. Da Hiroshima a oggi: chi e come ci porta alla catastrofe, Zambon 2017; Diario di guerra. Escalation verso la catastrofe (2016 - 2018), Asterios Editores 2018.

ESTADOS UNIDOS CREA CONDICIONES PARA ‎INVADIR VENEZUELA

Considerando el apoyo de Estados Unidos más importante que el voto de sus compatriotas, ‎Juan Guaidó se autoproclamó presidente interino de Venezuela.





Estados Unidos tiene para la Cuenca del Caribe un proyecto que el Pentágono expuso ‎en 2001. Ese plan es tan destructivo y sanguinario que Washington no puede reconocer ‎su existencia, así que tiene que inventar una narrativa aceptable. Eso es lo que estamos ‎viendo en Venezuela. Pero, ¡cuidado!, las apariencias esconden cada vez más la ‎realidad, durante las manifestaciones prosigue la preparación de la guerra.

Creación del conflicto:

Durante los últimos meses, Estados Unidos ha logrado convencer a una cuarta parte de los países ‎miembros de la ONU –entre ellos 19 países de las Américas– para que no reconozcan el ‎resultado de la elección presidencial realizada en Venezuela en mayo de 2018. Por consiguiente, ‎esos países tampoco reconocen la legitimidad del segundo mandato del presidente Maduro. ‎

En una entrevista concedida al Sunday Telegraph y publicada el 21 de diciembre de 2018, el ‎ministro británico de Defensa, Gavin Wiliamson, declaraba que Londres está negociando la ‎instalación de una base militar permanente en Guyana para retomar la política imperial británica ‎anterior a la crisis de Suez. Aquel mismo día, un diputado guyanés hacía caer sorpresivamente el ‎gobierno de su país y, de inmediato, se refugiaba en Canadá. ‎

Al día siguiente, la transnacional petrolera estadounidense ExxonMobil afirma que un barco que ‎había alquilado para realizar trabajos de prospección dentro de la zona en litigio entre Guyana y ‎Venezuela había sido expulsado de aquellas aguas por la marina de guerra venezolana. ‎La expedición contaba con una autorización concedida por el gobierno guyanés saliente, que ‎administra de facto la zona en litigio. Inmediatamente, el Departamento de Estado, y después ‎el Grupo de Lima, denuncian el incidente como un peligro que Venezuela hace correr a la ‎seguridad regional. ‎

Pero el 9 de enero, el presidente Maduro revela grabaciones de audio y video que demuestran que ‎ExxonMobil y el Departamento de Estado mintieron deliberadamente para crear una situación de ‎conflicto y empujar los países latinoamericanos a entrar en guerra entre sí. Los países miembros ‎del Grupo de Lima reconocen entonces la manipulación, con excepción de Paraguay y Canadá. ‎

El 5 de enero, la Asamblea Nacional de Venezuela elige su nuevo presidente, Juan Guaidó, y ‎se niega a reconocer la legalidad del segundo mandato del presidente de la República, Nicolás ‎Maduro. Según la Asamblea Nacional, la situación es similar al caso previsto en el artículo 233 de ‎la Constitución. Según ese artículo, cuando un presidente de la República se ve impedido de ‎ejercer sus funciones –por enfermedad–, el presidente de la Asamblea Nacional lo reemplaza ‎automáticamente. Como puede verse, esto no tiene nada que ver con la situación actual. ‎

El 23 de enero, los opositores a la Revolución Bolivariana y sus partidarios realizan ‎simultáneamente una serie de marchas en Caracas. Juan Guaidó se autoproclama entonces ‎presidente interino del ejecutivo. Estados Unidos, Canadá, Reino Unido e Israel lo reconocen ‎de inmediato como nuevo presidente de Venezuela. España que ya participó antes en varias ‎intentonas golpistas contra Hugo Chávez, empuja la Unión Europea a sumarse a la nueva ‎maniobra. ‎

La lógica de los acontecimientos conduce Venezuela a romper las relaciones diplomáticas con ‎Estados Unidos y a cerrar su embajada en Washington. Afirmando que el presidente Nicolás ‎no tiene derecho a romper relaciones con Estados Unidos, Washington mantiene su embajada ‎en Caracas y sigue aportando leña al fuego. ‎

El 24 de enero, el ministro de Defensa, general Vladimir Padrino, comparece ante la televisión ‎con su alto mando y confirma el compromiso de la Fuerza Armada Bolivariana al servicio de ‎la Nación y del presidente electo constitucionalmente, Nicolás Maduro. El ejército es la única ‎institución verdaderamente eficaz del país. ‎

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El 24 de enero, el ministro de Defensa, general Vladimir Padrino, comparece ante la televisión ‎con su alto mando y confirma el compromiso de la Fuerza Armada Bolivariana al servicio de ‎la Nación y del presidente electo constitucionalmente, Nicolás Maduro. El ejército es la única ‎institución verdaderamente eficaz del país. ‎

La aplicación de un esquema ya utilizado:

Contrariamente a lo que creen los venezolanos, el objetivo de Estados Unidos no es derrocar al ‎presidente Maduro sino aplicar en la Cuenca del Caribe la doctrina Rumsfeld-Cebrowski de ‎destrucción de las estructuras estatales en los países de la región. Eso exige, ciertamente, la ‎eliminación de Nicolás Maduro, pero también la de Juan Guaidó. ‎

Este esquema ya fue utilizado antes para convertir los incidentes internos que tenían lugar en Siria ‎en 2011 en una agresión externa perpetrada por todo un ejército de mercenarios, en 2014. En ‎el caso de Venezuela, la Organización de Estados Americanos (OEA) –cuyo secretario general ‎ya reconoció a Juan Guaidó como presidente– asume el papel que hizo la Liga Árabe‎ en el ‎caso de Siria. El papel de los Amigos de Siria lo asume el Grupo de Lima, que ‎se encarga de coordinar las posiciones diplomáticas de los aliados de Washington. Y Juan ‎Guaidó hace el papel del jefe de la oposición siria Burhan Ghalioun. ‎

En el caso de Siria, Burham Galioun, quien desde hace mucho tiempo colaboraba con la NED ‎estadounidense, fue reemplazado por otro personajillo, que a su vez fue reemplazado por otro, ‎luego por otro y por otro más, tantas veces que ya nadie recuerda su nombre. Juan Guaidó será ‎rápidamente desechado de la misma manera. ‎

Pero el esquema sirio funcionó sólo en parte, en primer lugar, porque Rusia y China se opusieron ‎reiteradamente en el Consejo de Seguridad de la ONU. En segundo lugar, porque el pueblo sirio ‎apoyó a la República Árabe Siria y dio pruebas de excepcional resistencia. Y, finalmente, porque ‎Rusia logró respaldar y equipar al Ejército Árabe Sirio ante los mercenarios extranjeros y la OTAN. ‎Sabiendo que el Pentágono ya no podrá seguir utilizando a los yihadistas para debilitar el ‎Estado sirio, Washington va a poner ahora el caso sirio en manos del Departamento del Tesoro, ‎que hará todo lo posible por impedir la reconstrucción del país y del Estado. ‎

En los próximos meses, el autoproclamado presidente interino Guaidó tratará de crear una ‎administración paralela

Ø para apoderarse del dinero del petróleo en varios litigios;
Ø para “resolver” el diferendo territorial con Guyana;
Ø para negociar la cuestión de los refugiados;
Ø para cooperar con Washington y hacer encarcelar en Estados Unidos a los dirigentes ‎venezolanos con diversos pretextos.‎

Si tenemos en cuenta la experiencia adquirida durante los 8 últimos años en el Gran Medio ‎Oriente, no debemos comparar lo que sucede en Venezuela con lo sucedido en Chile en 1973. ‎El mundo postsoviético ya no es el de la guerra fría. ‎

En aquella época, Estados Unidos trataba de controlar todas las Américas y cerrar el paso a ‎toda forma de influencia soviética. Quería explotar las riquezas naturales de aquella parte del ‎mundo con el menor control posible de los gobiernos nacionales y con el menor costo posible. ‎

Pero hoy, por el contrario, Estados Unidos se obstina en ver el mundo como unipolar. Ya ‎no tiene amigos ni enemigos. Según la visión estadounidense una población está integrada a la ‎economía globalizada o vive en territorios que contienen recursos naturales, recursos que ‎Estados Unidos no explotará necesariamente pero que siempre quiere controlar. Y como esos ‎recursos no pueden estar simultáneamente bajo el control de los Estados-naciones donde ‎se encuentran y del Pentágono, Washington aspira a impedir el funcionamiento de las estructuras ‎estatales de esos países. ‎

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Este mapa proviene de un Powerpoint que Thomas P. M. Bennet, asistente del almirante ‎estadounidense Arthur Cebrowski, presentó en una conferencia realizada en el Pentágono, ‎en 2003. La parte rosada abarca todos los países cuyas estructuras estatales deben ser ‎destruidas. Este proyecto no tiene nada que ver con la guerra fría ni con la explotación de ‎los recursos naturales. Después de haber destruido el “Gran Medio Oriente”, los estrategas ‎estadounidenses se preparan para destruir la “Cuenca del Caribe”. ‎



Cegar a los actores:

‎Es posible que Juan Guaidó crea realmente que puede resolver la crisis y servir a su país ‎autoproclamándose presidente interino. En realidad, es lo contrario. Su autoproclamación creará ‎una situación que será asimilada a una guerra civil. Guiadó, o sus sucesores, pedirán ayuda a ‎Brasil, Guyana y Colombia, que desplegarán fuerzas “de paz” con apoyo de Israel, Reino Unido ‎y Estados Unidos. La violencia continuará hasta que ciudades enteras estén en ruinas. ‎

No importa que el gobierno de Venezuela sea bolivariano o liberal, que sus relaciones con ‎Estados Unidos sean buenas o no. El objetivo no es lograr un “cambio de régimen” sino debilitar ‎el Estado lo más posible. Ese proceso comienza en Venezuela, pero se extenderá de inmediato ‎a otros países de la región, como Nicaragua, hasta que no quede verdadero poder político en el ‎conjunto de esa región. ‎

Esta situación es muy clara para numerosos árabes, cuyos países ya cayeron en esa trampa. ‎Pero, por el momento, los latinoamericanos no parecen verla con claridad. ‎

Por supuesto, también es posible que los venezolanos tomen conciencia de la manipulación, dejen ‎de lado sus divisiones y salven el país. ‎

POR THIERRY MEYSSAN: Intelectual francés, presidente-fundador de la Red Voltaire y de la conferencia Axis for Peace. Sus análisis sobre política exterior se publican en la prensa árabe, latinoamericana y rusa. Última obra publicada en español: De la impostura del 11 de septiembre a Donald Trump. Ante nuestros ojos la gran farsa de las "primaveras árabes"

miércoles, 30 de enero de 2019

¿DONALD TRUMP HA SIDO OBLIGADO A ‎RENUNCIAR?




¿DONALD TRUMP HA SIDO OBLIGADO A ‎RENUNCIAR?
 
1.     ‎¿Ha renunciado el presidente Donald Trump a cambiar la política estadounidense? ‎‎
2.     ¿Se ha sometido a la antigua clase dirigente de su país?

Durante los dos últimos ‎meses, su administración parece haber redefinido los objetivos del AfriCom, del ‎CentCom y del SouthCom:

1.     El primero parece haber sido autorizado a luchar contra los ‎proyectos chinos en África,
2.     el segundo se dedicaría ahora a exacerbar la división entre ‎árabes y persas en el Gran Medio Oriente y
3.     el tercero a iniciar la destrucción de las ‎estructuras de los Estados en los países de la Cuenca del Caribe.

Esas nuevas misiones ‎se acompañan ahora con un regreso de los neoconservadores.
Desde las elecciones legislativas conocidas como (midterm), realizadas el 6 de noviembre de 2018, el presidente Trump enfrenta ‎una presión extremadamente fuerte. Las instituciones federales tuvieron que cerrar el 22 de ‎diciembre (shutdown) porque el Congreso rechazó el presupuesto presentado por la ‎administración, presupuesto que incluía el financiamiento del famoso muro a lo largo de la ‎frontera con México. La crisis duró 35 días, hasta el 25 de enero de 2019. El presidente Trump ‎acabó inclinándose temporalmente ante las exigencias del Partido Demócrata. Según S&P Global ‎Ratings, el shutdown costó más de 6 000 millones de dólares, o sea mucho más de lo que ‎habría costado el muro.‎

Durante ese periodo, la administración Trump dio numerosas muestras de abandono de su política ‎exterior y de defensa y de sometimiento al imperialismo estadounidense. También es posible que ‎este promotor inmobiliario haya optado por simular un cambio radical y que acabe desmintiéndolo ‎el 15 de febrero, fecha de expiración del acuerdo sobre el presupuesto. En todo caso, al menos ‎por el momento, numerosos elementos hacen pensar que Donald Trump ha renunciado a ‎concretar el cambio que había prometido. ‎

 El 13 de diciembre de 2018, el consejero para la seguridad nacional, John Bolton, exponía ante ‎la Heritage Foundation la nueva estrategia de Estados Unidos en África: ‎
1.     ‎desarrollar el comercio, ‎
2.     ‎luchar contra el terrorismo islámico, ‎
3.     ‎verificar el uso que se hace de la ayuda estadounidense. ‎

Nada muy diferente a lo de antes, exceptuando el hecho que los objetivos comerciales fueron ‎ampliamente expuestos ya no como una rivalidad con las antiguas potencias coloniales (Francia y ‎Reino Unido) sino como un feroz combate contra China y Rusia. ‎
 El 20 de diciembre, el secretario de Defensa, el general James Mattis, presentaba su dimisión al ‎presidente Trump en una carta pública. Aunque ‎la prensa dijo lo contrario, Mattis expresaba en esa carta su conformidad con la retirada de las ‎fuerzas estadounidenses presentes en Siria. Pero también decía temer la manera en que ‎los aliados miembros de la coalición anti-Daesh podían interpretar esa retirada y que ese ‎movimiento pudiera poner fin al liderazgo estadounidense. Trump estimó que nadie puede pretender darle ‎lecciones, y menos en público, y revocó inmediatamente a Mattis, o sea no le permitió ‎mantenerse en el cargo hasta que se le designara un sucesor. ‎

Sin embargo, ante la lluvia de críticas, Trump acabó por retroceder y admitió que la retirada ‎estadounidense ya anunciada será más larga que lo previsto inicialmente. ‎

 El 3 de enero de 2019, al iniciarse el 116º periodo de trabajos del Congreso de Estados Unidos, ‎el representante demócrata Eliot Engels y el senador republicano Marco Rubio presentaban ‎‎2 proyectos de ley (H.R. 31 [6] y S. 1 ). En ambos proyectos aparece un pasaje casi idéntico ‎tendiente a la adopción de sanciones que impidan la reconstrucción de Siria. Después, ‎Eliot Engels –que ya había sido el redactor de la Syria Accountability Act, adoptada en 2003– ‎fue elegido presidente de la Comisión de Exteriores de la Cámara de Representantes mientras que ‎James Rich era elegido para presidir la comisión equivalente en el Senado. Rich se alió ‎de inmediato al proyecto de ley contra Siria. ‎

Ambos proyectos afirman que no son los yihadistas sino el gobierno sirio el que torturó a las ‎personas cuyos cadáveres aparecen fotografiados en el llamado «Informe Cesar», lo cual es ‎presentado como justificación para impedir la reconstrucción en la República Árabe Siria. El texto ‎del Senado incluso respalda la ayuda militar de Estados Unidos a Israel, precisamente ‎en momentos en que el Estado hebreo reconoce haber iniciado una campaña de ataques aéreos ‎contra Siria. ‎

 El 10 de enero de 2019, el secretario de Estado Mike Pompeo enunciaba la nueva estrategia de ‎Estados Unidos para el Gran Medio Oriente en una conferencia impartida en la Universidad ‎Americana del Cairo (Egipto) [8]. Esa política ‎consistiría en:‎

1.     ‎ luchar contra el terrorismo islámico, ‎
2.     ‎luchar contra Irán y sus aliados,
3.     ‎retirar de esa región las tropas estadounidenses favoreciendo simultáneamente la creación ‎de una «OTAN» israelo-árabe. ‎

Sin embargo, además de que dividir la región entre árabes y persas resulta más peligroso aún que ‎la situación actual, la creación de una alianza militar israelo-árabe parece improbable. ‎Por supuesto, los creadores de tal alianza se apoyarían en una serie de gobiernos que ya están ‎colaborando en secreto con Israel. El problema es que lo hacen en contra de la opinión de sus ‎propios pueblos. ‎

Al mismo tiempo, el consejero para la seguridad nacional, John Bolton, construía una internacional ‎terrorista contra Irán, aglutinando en ella elementos árabes sunnitas provenientes del Emirato ‎Islámico (Daesh) y persas chiitas miembros de los Muyahidines del Pueblo (MEK).‎

 Ese mismo día, 10 de enero, el secretario de Estado Mike Pompeo publicaba una declaración ‎contra Venezuela, dando con ello a Juan Guaidó la señal para ser autoproclamará presidente ‎interino del poder ejecutivo.

Mientras la prensa occidental y los propios venezolanos veían al gobierno bolivariano como ‎blanco de este conflicto, desde este sitio web nosotros anunciábamos –adelantándonos a los ‎acontecimientos– que el Pentágono está aplicando en la Cuenca del Caribe la estrategia que ya ‎utilizó en la región africana de los Grandes Lagos y que luego reprodujo en el Gran Medio Oriente. Esa es también la interpretación del ministerio de Exteriores de la Federación Rusa. Moscú declaraba: ‎

«La creación deliberada y notoriamente bien orquestada de un doble poder y de un centro ‎alternativo de decisión en Venezuela abre la vía al caos y a la erosión del Estado ‎venezolano.»‎

 El 22 de enero, el Partido Demócrata adoptó en la Cámara de Representantes una ley que ‎prohíbe al presidente Donald Trump sacar a Estados Unidos de la OTAN. Eliot Engels había participado en la ‎redacción de esa ley. ‎

Ese proyecto de ley no se había mencionado durante la campaña de las elecciones legislativas de ‎medio término, pero el Partido Demócrata lo priorizó, dejando de lado sus compromisos sobre el ‎Obamacare. En julio de 2018, Eliot Engels había redactado, junto al ex secretario general de ‎la OTAN Anders Fogh Rasmussen, un artículo de opinión en favor de la alianza atlántica.‎

 El 26 de enero, Mike Pompeo anunciaba que el neoconservador Elliott Abrams será su enviado ‎especial para Venezuela. Hace sólo 2 años, Abrams era el candidato de los imperialistas al sillón ‎de secretario de Estado. Su nombre está indisolublemente asociado a las peores acciones ‎secretas de Estados Unidos en América Latina durante la guerra fría. ‎

Los neoconservadores provienen del trotskismo, o sea su origen ideológico es una extrema ‎izquierda que se unió al aparato estatal estadounidense en tiempos de la administración Reagan. ‎Sus partidarios han emigrado constantemente de la “izquierda” a la derecha, al ritmo de los ‎cambios en la cúpula del poder estadounidense. Los neoconservadores se opusieron a la elección ‎de Donald Trump, pero ahora se unen a su administración. ‎

En definitiva, se han redefinido los objetivos del AfriCom, del CentCom y del SouthCom [15] autorizándolos a defender intereses que no son los ‎del Pueblo estadounidense sino los intereses de ciertas empresas transnacionales y de Israel. ‎Asociados –como siempre– a esa política, los neoconservadores entran nuevamente en escena. ‎

Esos factores tienden a demostrar que el Partido Republicano y la administración Trump han ‎cambiado radicalmente de política y que –aunque mantienen la decisión de no permitir ‎que los grupos terroristas administren Estados– regresan a la política del Partido Demócrata, de Barack ‎Obama y de Hillary Clinton: el imperialismo militar al servicio de las transnacionales. ‎

Los principales donantes del Partido Republicano parecen haber tomado nota de ese abandono. ‎Los hermanos Koch acaban de anunciar que no apoyarán la reelección de Donald Trump.

POR THIERRY MEYSSAN: Intelectual francés, presidente-fundador de la Red Voltaire y de la conferencia Axis for Peace. Sus análisis sobre política exterior se publican en la prensa árabe, latinoamericana y rusa. Última obra publicada en español: De la impostura del 11 de septiembre a Donald Trump. Ante nuestros ojos la gran farsa de las "primaveras árabes" (2017).